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Primera vez en moto- Historia

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La primera vez que salí en moto, estaba algo nerviosa. Yo vivo en la calle 140 y me tocaba llegar a mi trabajo en la carrera 100 con octava. Además le tengo pánico a las alcantarillas sin tapa.

Pero ya después de memorizar el trayecto, me pareció fabuloso por el ahorro de tiempo y económicamente es muy buen negocio”, sostiene esta Comunicadora Social que trabaja en una importante empresa dedicada a la explotación de carbón.

Ella asegura que a pesar de tener carro, prefiere su moto, sobre todo cuando tiene Pico y Placa. De hecho, la única gran ventaja que le ve al carro frente a la moto es cuando está lloviendo, pues se evita la empapada.

“Lo único malo de la moto es que al ponerse el casco, el peinado se daña un poquito. Pero al igual uno se acostumbra. Me parece muy gracioso cuando me paro al lado de un carro en un semáforo. Se quedan mirándome y pensarán: ¿Qué hace ésta con tacones y falda en moto?, Pero yo me siento muy bien.

Ir al trabajo en ella es muy buena opción”, dice. Recuerda que el primer día que llegó en moto a su trabajo le dio algo de pena.

Pero con el correr de los días, se convirtió en algo normal para su vida y se ha vuelto ejemplo para algunos de sus compañeros.

Su experiencia con las motocicletas comenzó cuando tan sólo tenía 10 años. En esa época a una amiga le regalaron de Navidad una de las motos más populares de finales de los ochenta y desde ahí se encariñó con las motos.

Seis años después de mucho rogar a sus padres, recibió el regalo que tanto anhelaba: una FZ. Aunque al principio hubo inconvenientes con sus padres por el temor de que se transportara en moto, hoy en día todos confían en ella pues saben de su responsabilidad al manejar.

El cambio a ‘Kiwis’ En el año 2002, Sandra trabajaba en el centro de Bogotá y tenía una moto Suzuki Address.

“Pero un día, un amigo me habló de la BWS. Desde que la vi quedé encantada.
En febrero la compre y la cogí para ir a todo lado”, recuerda.

Sandra también conduce su moto los fines de semana. Asegura que le fascina salir en ella a La Calera, al Neusa o a Tabio, en un plan de relax total con los amigos y con su hijo de 13 años.

Ella es conciente que así vaya de paseo o al trabajo, debe ir con prudencia, cumpliendo las normas de tránsito al pie de la letra y respetando al peatón, “porque he aprendido que en la moto el bomper es uno mismo”.

La moto se ha convertido en su compañera inseparable. La lleva a sus revisiones mecánicas, la mantiene siempre reluciente, le aplica silicona, la manda a lavar o ella misma la lava cada vez que puede. Es que definitivamente para esta ejecutiva, ‘Kiwis’ – como bautizó la moto – es su niña consentida.

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